"Una mañana, tras un sueño intranquilo, Gregorio Samsa se despertó convertido en un mounstruoso insecto." F. Kafka
El cine me ha cautivado, es como
un refugio de verdades cuando asoma en la pantalla la vida del Chaco o de
Grace, o un retrato de mentiras reconfortantes en las que los buenos, a ímpetu
de fe, como si dios si estuviera de su parte, vencen en batallas prodigiosas o
se imponen a la maldad de forma tan sencilla que impactan negativamente la
percepción de realidad de los espectadores; es increíble como por culpa de una
escena pueden rodar las lagrimas al creer que los buenos, esos que rezan, que
están de lado de la justicia y de la bondad han conquistado, luego de
interminables-terminables sufrimientos, la gloria de ver sus vidas resueltas en
finales felices que más parecen comienzos, porque en realidad los finales
siempre son tristes.
Creo que este gusto por el cine no surgió de la nada, se cruzaron
varios elementos trascendentales que hicieron que a la larga me convirtiera en
un extraño espectador. De esos espectadores que llegan a las películas más por
las enfermedades mentales del director que por los conocimientos de la teoría
cinematográfica. Y es que no importa no saber de cine, porque “conocer” de cine puede ser aburrido, se
pierde la gracia de ver la bondad, la justicia y la verdad como esos valores
absolutos sobre los que deben recaer las acciones de los protagonistas y se cae
en el propagandismo intelectual de ver películas solo por el Bafta o la palma
de oro en Cannes.
A veces pienso que escogí el
camino equivocado, que nunca debí interesarme por el cine, sino por la
literatura, y en realidad terminé estudiando algo que a la larga no tiene nada
que ver con las dos. O de pronto sí, pero no es tan evidente. Creo que estoy
vagando de un lado a otro, pero es que yo no tengo fe, y estoy casi seguro que
dios no está de mi parte. Un día le pregunte a mis estudiantes que si tuvieran
que escribir el guión de una película sobre sus vidas, cómo llamarían ese
escrito, alguno respondió: “Pensé que iba a ser más difícil”, y ahí me di
cuenta que dios estaba de su parte, quién sabe por cuánto tiempo; yo, por lo
pronto, estoy construyendo el personaje central, no he empezado la trama,
apenas estoy como Matty, en La Oscuridad Visible, preguntándome ¿quién soy? O
mejor, ¿qué soy?