Es tan primitivo mi conocimiento
de la música que distinguir el silbido del viento del maullar de un perro nostálgico
es tarea fútil. Constantemente pienso en esa pieza musical de la opera Rinaldo
de Handel. No supe, hasta bien leída la historia, que se trataba de un aria, y
menos que era obra de un tipo que se llamaba Handel, Haendel o Händel.
Luego de escuchar la pieza en una
película de Von Trier, decidí, a pesar de lo incidental en el filme, agregarla
a mí lista de favoritos. Es trágico, siento culpa cada vez que la escucho. En
la película una pareja sostiene una relación sexual desenfrenada mientras la
hermosa voz, hecha música, se funde con el sonido de los vientos y los metales
hechos música, así como los amantes se vuelven uno en la excitación y la
lujuria. Mientras todo ello ocurre el hijo de la pareja, Nick, sale de su cuna,
se asoma a la ventana abierta, y cae con la nieve grácil, ya no en una ópera
sino en una sinfonía en la que aria, orgasmo y libertad se tiñen del rojo enceguecedor
de la muerte.
Y es trágico porque la obra es
preciosa, pero siempre la asocio a ese evento desafortunado en el que tuve que
saber de su existencia. Se oye, diáfana, con pasión, pero a la vez con sutileza,
la palabra libertad. De golpe recuerdo a la mujer teniendo uno de los más
placenteros orgasmos que haya visto en el cine, y a la par, en el crepúsculo del
clímax veo a Nick cayendo por la ventana en un claro desafío a la perdida de
vitalidad de su madre y padre, una carrera por llegar primero a la línea de
meta, la muerte.
Los segundos previos a la muerte transcurran con una tranquilidad
Ha de ser muy raro palpitar un
orgasmo el día en que los hijos se mueren. Tal vez se entienda como la
invocación a una sustitución, una sucesión innecesaria y cruel recordada por lo
excitante de la creación. Déjame llorar por mi cruel destino; y ese anhelo por
la libertad. Yo siento que una parte de mi muere cada vez que el recuerdo de la
escena llega a mi mente. No sé qué me motiva a escuchar la pieza en ocasiones
tan disímiles que creo que puede ser útil para consolar en un funeral así como
para ambientar la más agradable de las conversaciones. No sé, tal vez estoy
viviendo un orgasmo y en la antípoda de mis deseos está muriendo algo dentro de
mi, un Nick que va cayendo junto con la nieve en lo frío y sombrío de mis
pensamientos.
Y que suspire y que anhele la
Libertad.