sábado, 30 de noviembre de 2013

¿Qué soy?

"Una mañana, tras un sueño intranquilo, Gregorio Samsa se despertó convertido en un mounstruoso insecto." F. Kafka

El cine me ha cautivado, es como un refugio de verdades cuando asoma en la pantalla la vida del Chaco o de Grace, o un retrato de mentiras reconfortantes en las que los buenos, a ímpetu de fe, como si dios si estuviera de su parte, vencen en batallas prodigiosas o se imponen a la maldad de forma tan sencilla que impactan negativamente la percepción de realidad de los espectadores; es increíble como por culpa de una escena pueden rodar las lagrimas al creer que los buenos, esos que rezan, que están de lado de la justicia y de la bondad han conquistado, luego de interminables-terminables sufrimientos, la gloria de ver sus vidas resueltas en finales felices que más parecen comienzos, porque en realidad los finales siempre son tristes.

Creo que este gusto  por el cine no surgió de la nada, se cruzaron varios elementos trascendentales que hicieron que a la larga me convirtiera en un extraño espectador. De esos espectadores que llegan a las películas más por las enfermedades mentales del director que por los conocimientos de la teoría cinematográfica. Y es que no importa no saber de cine, porque “conocer” de cine puede ser aburrido, se pierde la gracia de ver la bondad, la justicia y la verdad como esos valores absolutos sobre los que deben recaer las acciones de los protagonistas y se cae en el propagandismo intelectual de ver películas solo por el Bafta o la palma de oro en Cannes.  


A veces pienso que escogí el camino equivocado, que nunca debí interesarme por el cine, sino por la literatura, y en realidad terminé estudiando algo que a la larga no tiene nada que ver con las dos. O de pronto sí, pero no es tan evidente. Creo que estoy vagando de un lado a otro, pero es que yo no tengo fe, y estoy casi seguro que dios no está de mi parte. Un día le pregunte a mis estudiantes que si tuvieran que escribir el guión de una película sobre sus vidas, cómo llamarían ese escrito, alguno respondió: “Pensé que iba a ser más difícil”, y ahí me di cuenta que dios estaba de su parte, quién sabe por cuánto tiempo; yo, por lo pronto, estoy construyendo el personaje central, no he empezado la trama, apenas estoy como Matty, en La Oscuridad Visible, preguntándome ¿quién soy? O mejor, ¿qué soy? 

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